El pánico global no distingue fronteras y, este miércoles, los activos argentinos sintieron el impacto directo de la volatilidad en Wall Street. Las acciones locales que cotizan en Nueva York sufrieron un duro revés, con caídas que rondaron el 5%, arrastradas por una ola de ventas masivas en el sector tecnológico estadounidense. El nerviosismo, disparado por los balances de las grandes firmas de inteligencia artificial y software, generó un efecto dominó del que la Argentina no pudo desacoplarse. En la plaza local, el S&P Merval cedió terreno, aunque logró recortar pérdidas hacia el cierre, finalizando con una baja del 0,7%.
Efecto contagio en los ADRs y bonos
La jornada fue particularmente áspera para los papeles bancarios y energéticos en el exterior. Títulos como los del BBVA retrocedieron un 5,6%, seguidos de cerca por Telecom Argentina y Edenor, que mostraron rojos significativos. La explicación, según coinciden los operadores de la City, no radica en una debilidad estructural de la economía doméstica, sino en un reacomodamiento de carteras globales. Ian Colombo, de Cocos Gold, fue claro al señalar que el mundo está saliendo de posiciones de riesgo ante el temor de que la burbuja de la inteligencia artificial afecte al sector tech general. Esto quedó evidenciado con el desplome de AMD, que tras presentar sus resultados se hundió más de un 17%, arrastrando consigo al índice Nasdaq.
En el segmento de renta fija, los bonos soberanos mostraron un comportamiento mixto, oscilando entre leves subas y bajas dependiendo del tramo de la curva. El riesgo país, ese termómetro que tanto miran los inversores, se mantuvo oscilante para cerrar en la zona de los 502 puntos básicos. Para los analistas, la tendencia de fondo de la deuda argentina sigue atada a la capacidad del Gobierno de mantener el superávit fiscal y seguir acumulando reservas, una tarea que el equipo económico viene cumpliendo a rajatabla. Emilio Botto, de Mills Capital Group, estima que la mejora del riesgo crediticio depende mayoritariamente de los deberes internos, más allá del viento de frente que sople desde el norte.
Pax cambiaria y acumulación de reservas
Mientras las acciones sufrían, el mercado cambiario ofreció una foto mucho más tranquila, casi aburrida para los estándares argentinos históricos. El Banco Central continúa con su racha compradora, sumando más de US$ 1.250 millones en lo que va del año, aprovechando la estacionalidad y la fortaleza de las monedas de la región. Esta dinámica mantiene a los dólares financieros a raya: el MEP cayó y el contado con liquidación tuvo un avance marginal, manteniéndose la brecha en niveles manejables. La estrategia oficial parece clara: sostener el equilibrio monetario para blindar las reservas a medida que la demanda de dinero comience a ceder en las próximas semanas.
La mirada internacional y el giro estructural
Más allá de la foto de un día rojo en los mercados, la película de fondo muestra una Argentina que ha cambiado radicalmente su perfil ante el mundo. Organismos como el Instituto de Asuntos Públicos (IPA) han puesto la lupa sobre lo que denominan la “revolución de libre mercado” de Javier Milei. Adam Creighton, economista jefe de la entidad, tras su paso por Buenos Aires y Mendoza, destacó cómo el país logró revertir décadas de declive estatista. Los números macroeconómicos que manejan en el exterior validan el optimismo: la inflación, otrora galopante, se desplomó a dígitos anuales manejables tras un ajuste del gasto público sin precedentes en la historia moderna, que incluyó la eliminación de la mitad de los ministerios y un recorte federal de cinco puntos del PBI.
Este saneamiento no fue gratuito, pero los frutos comienzan a madurar. El FMI proyecta un rebote vigoroso de la actividad, con un crecimiento del 4% tanto para 2026 como para 2027, superando ampliamente las expectativas de vecinos gigantes como Brasil o México. Incluso los indicadores sociales, que sufrieron el impacto inicial del ajuste, muestran signos de recuperación, con la pobreza retrocediendo al 32% y el mercado de alquileres revitalizado tras la desregulación, lo que ha provocado una baja real en los precios de las rentas.
Estabilidad política tras las legislativas
La calma financiera de fondo —más allá de la volatilidad puntual de esta semana— se asienta sobre un escenario político que se despejó tras las elecciones de medio término de octubre de 2025. La contundente victoria de La Libertad Avanza, que superó el 40% de los votos, consolidó al oficialismo como la primera minoría y le permitió tejer alianzas clave en el Congreso. Aquellas dudas sobre la gobernabilidad, que en su momento dispararon la volatilidad y obligaron a un blindaje financiero de US$ 20.000 millones por parte de la administración Trump —préstamo ya cancelado en su totalidad en enero de este año—, han quedado atrás.
Con el capital político renovado y las cuentas en orden, el Gobierno se prepara para encarar la segunda etapa de su plan de transformación. En la agenda de febrero ya figuran reformas estructurales profundas en materia laboral, impositiva y penal. El mercado, si bien reacciona a los estornudos de Wall Street, parece apostar a que estas medidas terminen de cimentar el renacer económico de la Argentina y allanen el camino para una eventual reelección del proyecto libertario.