En un escenario económico donde la inflación no da tregua, dejar los pesos inmovilizados en una cuenta bancaria dejó de ser una alternativa viable para los argentinos hace tiempo. La dinámica de precios empuja a los ahorristas a buscar opciones que, aunque sea mínimamente, protejan el poder adquisitivo. Es aquí donde los Fondos Comunes de Dinero, popularmente conocidos como money market, se consolidaron como los protagonistas indiscutidos. Según un informe reciente de la Cámara Argentina de Fondos Comunes de Inversión (Cafci), el patrimonio de estos instrumentos trepó a $13,9 billones durante diciembre de 2023, acaparando el 52% del total invertido en la industria.
La liquidez como prioridad ante la volatilidad
El atractivo principal de estos fondos radica en su diseño para el muy corto plazo. Al ofrecer liquidez inmediata —permitiendo el rescate del dinero en el día o en 24 horas—, resultan ideales para quienes necesitan gestionar sus pesos de manera eficiente sin atarse a plazos largos. Si bien es cierto que sus rendimientos no logran ganarle a la carrera inflacionaria (con tasas mensuales que rondaron el 8% frente a un IPC de diciembre del 25,5%), funcionan como un paliativo necesario para generar “unos pesos extra” sin asumir grandes riesgos ni caer en la especulación financiera compleja.
Florencia Bonacci, analista en PPI Inversiones, sostiene que la elección es una cuestión de prudencia ante la incertidumbre: “Es preferible no perder tanto contra la inflación y mantenerse ajenos a los movimientos bruscos de las cotizaciones de mercado”. Además, para el inversor minorista, estas herramientas representan un primer acercamiento al mundo financiero, facilitado enormemente por las billeteras virtuales que hoy remuneran los saldos a la vista.
Por su parte, Sofía Ruano, especialista en consumo, destaca la ausencia de trabas operativas como un factor decisivo. “Invertir en estos fondos no tiene parking en general, no hay mucha gente en la Argentina que pueda inmovilizar plata por un mes entero, como exige un plazo fijo tradicional”, explicó. La accesibilidad es tal que plataformas como Mercado Pago, Ualá y Naranja X han logrado bancarizar a sectores de la base de la pirámide que, de otra forma, estarían excluidos del sistema de inversión. De hecho, Naranja X lideró los rendimientos con una tasa anual cercana al 95%, seguida de cerca por Personal Pay y la fintech de Pierpaolo Barbieri.
Otras alternativas locales: Renta Fija y Mixta
Aunque los money market se llevan la mayor parte de las miradas, los Fondos de Renta Fija ocupan el segundo lugar en preferencias, administrando un 31% del patrimonio total (unos $8,2 billones). Estos vehículos invierten en activos como bonos, obligaciones negociables o letras del Tesoro, donde el emisor —ya sea el Estado o una empresa privada— se compromete a devolver el capital más un interés preestablecido. Son considerados de riesgo bajo y ofrecen retornos más previsibles que la renta variable, dado que no dependen directamente de la fluctuación de una acción corporativa. Más atrás quedaron los Fondos de Renta Mixta, que combinan depósitos con activos locales e internacionales, representando el 7% del mercado.
Mirando al norte: Proyecciones para 2026
Mientras la estrategia local se centra en la defensa del peso, el panorama internacional plantea desafíos distintos de cara al futuro. El inicio de un nuevo año siempre invita a revisar los portafolios y, para 2026, los analistas ya están recalibrando sus expectativas sobre el mercado estadounidense. Tras un 2025 donde las acciones tecnológicas de gran capitalización impulsaron nuevamente los rendimientos del S&P 500 y el Nasdaq 100, la historia sugiere que este dominio sectorial no puede ser eterno.
Las valuaciones actuales en Wall Street están “estiradas”. El ratio precio/ganancias (PER) del S&P 500 se ubica en 31, un nivel que pocas veces se ha tocado en la historia. Aunque esto no implica necesariamente un colapso inminente, sí enciende luces amarillas sobre la concentración del mercado: las 10 principales posiciones del índice explican casi el 40% del mismo, con el sector tecnológico acaparando cerca del 35%.
El turno de las acciones de valor
En este contexto, la apuesta para 2026 podría rotar hacia acciones de valor (value stocks). El escenario más probable para la economía de Estados Unidos es un crecimiento positivo pero más lento. Tras un PIB anualizado del 4,3% en el tercer trimestre de 2025, se observan señales de fatiga en el sector manufacturero y un estancamiento en la creación de empleo.
Para que las acciones de valor superen a las de crecimiento (growth), no hace falta una recesión profunda, sino simplemente una desaceleración económica. Si esta tendencia se confirma, instrumentos como el Vanguard Value ETF (VTV) podrían perfilarse como los grandes ganadores del 2026. Los inversores podrían empezar a buscar refugio en empresas con valuaciones más razonables, alejándose de la sobrecompra tecnológica y diversificando el riesgo ante un mercado que muestra una falta de amplitud preocupante.